Cómo empezar un relato. Aprende de los maestros

¿Te ha pasado en alguna ocasión que, leyendo la primera frase de un relato, se te han abierto mucho los ojos y ya no los has podido cerrar? ¿O que se te han quemado las lentejas porque no podías dejar de leer el primer capítulo de una novela? Eso debería ocurrir siempre (la emoción de la lectura, no lo de echar a perder la comida). Cómo empezar un relato es fundamental para que el lector siga adelanteEl inicio debería arrastrarte como una corriente salvaje. O engancharte como un amor de verano hacia la vorágine de la relación y que te deje hecho polvo cuando se acabe. Pero con ganas de más.

Cómo empezar un relato

La primera frase es como el primer bocado de una nueva receta. Tiene que entrarte por los ojos, por el gusto, por el sabor, por el olor y por el tacto. Para escribir un buen relato hay que darle muchas vueltas al arranque. A mí me gusta esperar a que ese comienzo lleve dándome vueltas en la cabeza durante un tiempo. Después, me siento a escribir y el relato corto fluye con la seguridad de que el lector no abandonará la obra tan fácilmente.

Que a escribir se aprende leyendo lo habrás escuchado infinidad de veces. Pero es cierto. ¿Por qué? Porque te empapas de las técnicas que otros pusieron en práctica hace tiempo y funcionaron. Por eso vamos a ver lo que tienen que contarnos algunas de las obras de los más grandes. Y así, tendremos más argumentos para que iniciar un buen relato sea cosa de niños.

Cómo empezar un relato si eres uno de los grandes de la literatura

La conjura de los necios, de John Kennedy Toole

Una gorra de cazador verde apretaba la cima de una cabeza que era como un globo carnoso. Las orejeras verdes, llenas de unas grandes orejas, sobresalían a ambos lados como señales de giro que indicasen dos direcciones a la vez. Los labios, gordos y bembones, brotaban protuberantes bajo el tupido bigote negro y se hundían en sus comisuras, en plieguecitos llenos de reproche y restos de patatas fritas. En la sombra, bajo la visera verde de la gorra, los altaneros ojos azules y amarillos de Ignatius J. Reilly miraban a las demás personas que esperaban bajo el reloj junto a los grandes almacenes D. H. Holmes, estudiando a la multitud en busca de signos de mal gusto en el vestir. Ignatius percibió que algunos atuendos eran lo bastante buenos y lo bastante caros como para ser considerados sin duda ofensivos al buen gusto y a la decencia. La posesión de algo nuevo o caro sólo reflejaba la falta de teología y de geometría de una persona. Podía proyectar incluso dudas sobre el alma misma del sujeto.

Seda, de Alessandro Baricco

Aunque su padre había imaginado para él un brillante porvenir en el ejército, Hervé Joncour había acabado ganándose la vida con una insólita ocupación, tan amable que, por singular ironía, traslucía un vago aire femenino.
Para vivir, Hervé Joncour compraba y vendía gusanos de seda.

La senda del perdedor, de Charles Bukowsky

La primera cosa que recuerdo es estar debajo de algo. Era una mesa, veía la pata de una mesa, veía las piernas de la gente, y una parte del mantel colgando. Estaba oscuro allí debajo, me gustaba estar ahí. Debió haber sido en Alemania, yo debía tener entre uno y dos años de edad. Era en 1922. Me sentía bien bajo la mesa. Nadie parecía darse cuenta de que yo estaba allí. La luz del sol se reflejaba en la alfombra y en las piernas de la gente. Me gustaba la luz del sol. Las piernas de la gente no eran interesantes, no eran como el trozo de mantel que colgaba, ni como la pata de la mesa, ni como la luz de sol.

La metamorfosis, de Franz Kafka

Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.

Las hormigas, de Boris Vian

Llegamos esta mañana y no hemos sido bien recibidos, pues en la playa no había nadie a no ser montones de individuos muertos y montones de pedazos de individuos, tanques y camiones destrozados. Llegaban balas un poco de todas partes, y a mí no me gusta tal desorden así porque sí. Saltamos al agua, pero más profunda de lo que parecía, y resbalé sobre una lata de conservas. Al muchacho que estaba justo detrás de mí le ha arrancado las tres cuartas partes de la cara el proyectil que llegaba en ese momento, y yo me he guardado la lata de conservas como recuerdo. He recogio los pedazos de su cara en mi casco y se los he entregado, y él ha partido a hacerse curar. Pero ha debido de equivocarse de dirección, porque se ha adentrado en el agua hasta que le ha faltado pie, y no creo que pudiera ver lo suficiente por el fondo como para no perderse.

Catedral, de Raymond Carver

Un ciego, un antiguo amigo de mi mujer, iba a venir a pasar la noche en casa. Su esposa había muerto. De modo que estaba visitando a los parientes de ella en Connecticut. Llamó a mi mujer desde casa de sus suegros. Se pusieron de acuerdo. Vendría en tren: tras casi cinco horas de viaje, mi mujer le recibiría en la estación. Ella no le había visto desde hacía diez años, después de un verano que trabajó para él en Seattle. Pero ella y el ciego habían estado en comunicación. Grababan cintas magnetofónicas y se las enviaban. Su visita no me entusiasmaba. Yo no le conocía. Y me inquietaba el hecho de que fuese ciego. La idea que yo tenía de la ceguera me venía de las películas. En el cine, los ciegos se mueven despacio y no sonríen jamás. A veces van guiados por perros. Un ciego en casa no era una cosa que yo esperase con ilusión.

Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes

No ignoro que el recurso de beber para huir es un viejo truco pero ¿conoces alguno más eficaz para escapar de ti mismo? Una copa acartona el recuerdo, pero, al propio tiempo, convierte la onerosa gravedad de tu cuerpo en una suerte de porosidad flotante. Algo parecido a la fiebre. Pasado el trance, sobreviene el decaimiento, pero hay un medio para evitarlo: mantener en sangre una dosis de alcohol que te imbuya la impresión de que participas en la vida, de que la vida no pasa sobre el hoyo en que te pudres sin advertir que existes. Esta forma de energía suele identificarse con la alegría, aunque, por supuesto, no es la alegría. A lo sumo, una energía inferior, improductiva; en caso contrario, yo trabajaría. Pero mi ingenio, si alguna vez existió, se ha agotado; ya lo estás viendo: no soy capaz de embadurnar un lienzo, ni siquiera de sostener un pincel en la mano.

El palacio de la luna, de Paul Auster

Fue el verano que el hombre pisó por primera vez la luna. Yo era muy joven entonces, pero no creía que hubiera futuro. Quería vivir peligrosamente, ir lo más lejos posible y luego ver qué me sucedía cuando llegara allí. Tal y como salieron las cosas, casi no lo consigo. Poco a poco, vi cómo mi dinero iba menguando hasta quedar reducido a cero; perdí el apartamento; acabé viviendo en las calles. De no haber sido por una chica que se llamaba Kitty Wu, probablemente me habría muerto de hambre. La había conocido por casualidad muy poco antes, pero con el tiempo llegué a considerar esa casualidad una forma de predisposición, un modo de salvarme por medio de la mente de otros. Esa fue la primera parte. A partir de entonces me ocurrieron cosas extrañas. Acepté el trabajo que me ofreció el viejo de la silla de ruedas. Descubrí quién era mi padre. Crucé a pie el desierto desde Utah a California. Eso fue hace mucho tiempo, claro, pero recuerdo bien aquellos tiempos, los recuerdo como el principio de mi vida.

El sapo, de Quim Monzó

De color azul, el príncipe sólo lleva los pantalones ajustados, que le marcan las nalgas, unas nalgas pequeñas y duras que hacen que las muchachas y los pederastas se vuelvan a mirarlo y se muerdan el labio inferior. También lleva un jubón de colorines, una capa corta y roja, una gorra ancha, gris y con una pluma verde, y botas de media caña por encima de los pantalones azules y ajustados.

Vredaman, de Unai Elorriaga

Las plantas, por ejemplo, no beben café con leche. No les gusta el café con leche a las plantas a las flores o a los árboles. A los pájaros tampoco. A mí sí. Yo a veces tomo el café con leche sin respirar. Toda la taza. Ése es un récord que yo tengo. Igual soy el único en el mundo que tiene ese récord.

La cuestión de Bruno, de Aleksandar Hemon

Nos levantamos al amanecer y, sin fijarnos en el sol amarillento, cargamos de maletas el Austin azul marino y nos dirigimos a la costa en línea recta, parando sólo a las afueras de Sarajevo para que yo echara una meada. Me pasé el viaje cantando canciones comunistas: canciones sobre madres afligidas que miraban entre las tumbas en busca de sus hijos muertos; canciones sobre la revolución, férreas e impetuosas, como una locomotora; canciones sobre mineros en huelga que entierran a sus camaradas muertos. Cuando llegamos a la costa, casi me había quedado sin voz.

Y como bonus track, permíteme que incluya el comienzo de uno de mis relatos incluido en «TR3S. Cómo olvidar lo inolvidable y otros relatos para recordar».

Soy mi hijo, de David Generoso

El mes pasado cumplí una cifra depresivamente alta, un número de años suficiente como para construir una catedral o haber dado la vuelta al mundo en cinco o diez ocasiones con largas paradas en varias ciudades que lo merecen. «Lo importante es sentirse bien por dentro», me engaño asesorado por anuncios y frases hechas. Lo cierto es que voy saltando de crisis en crisis. No disfruto del presente, vivo demasiado en el pasado. Soy un fantasma condenado a vagar por la misma casa. Es maravilloso atesorar recuerdos, pero no es menos importante crear nuevas experiencias para que el yo del futuro también se pueda recrear. Quizá por eso, en mi último cumpleaños, la realidad se saltó todas las reglas y dibujó un itinerario insólito.

Hablemos un momento de algunos aspectos importantes a la hora de escribir un relato corto o una novela. Sí, algo de teoría.

  1. Introducción del personaje:
    • La introducción del personaje principal es un pilar fundamental en la construcción de un relato impactante. Al dar a conocer al personaje, su entorno y sus desafíos desde el comienzo, establecemos una conexión emocional con el lector que le invita a seguir explorando la narrativa. Por ejemplo, describir la rutina diaria, las aspiraciones y los miedos del personaje puede ser un punto de partida sólido para sumergir al lector en la historia que se va a desarrollar.
  2. Identificación del conflicto:
    • Todo buen relato gira en torno a un conflicto central que el personaje debe enfrentar. Este conflicto, ya sea interno o externo, se convierte en el motor que impulsa la trama hacia adelante. Al presentar un dilema o un desafío significativo desde las primeras páginas, provocamos curiosidad y empatía en el lector, quien se sentirá compelido a descubrir cómo el personaje navega y resuelve las situaciones adversas.
  3. Ambientación y tiempo:
    • La ambientación y el contexto temporal son elementos que enriquecen la trama de un relato. Al describir el entorno, ya sea una ciudad bulliciosa o un tranquilo pueblo rural, y situar la historia en un momento específico, proporcionamos una base sólida sobre la cual los eventos y las interacciones de los personajes pueden evolucionar de manera creíble y envolvente.
  4. Estructura narrativa:
    • La estructura narrativa es el esqueleto que sostiene nuestra historia. Una estructura bien definida, con un inicio claro, un desarrollo que escalada tensiones y un desenlace satisfactorio, guía al lector a través de la travesía emocional y temática del relato. Además, explorar estructuras alternativas como la narrativa no lineal o la estructura en espiral, puede ofrecer frescura y un giro único a nuestra narrativa.
  5. Enganche desde el comienzo:
    • Enganchar al lector desde las primeras líneas es crucial para mantener su interés a lo largo del relato. Una introducción intrigante, una pregunta provocadora o una afirmación audaz, son herramientas efectivas para capturar la atención del lector. Al generar interés y curiosidad desde el principio, establecemos una base sólida para una experiencia de lectura enriquecedora.
  6. Punto de vista:
    • El punto de vista desde el cual se narra la historia, ya sea en primera o tercera persona, influye profundamente en cómo se percibe la trama y los personajes. Al elegir quién cuenta la historia y cómo lo hace, no solo definimos la voz narrativa, sino también la lente a través de la cual el lector experimentará los eventos y emociones del relato.
  7. Redacción y edición:
    • La redacción y edición son etapas cruciales en el proceso de escritura. Un primer borrador es solo el punto de partida; la revisión meticulosa y la edición cuidadosa son las que pulen y refinan la narrativa, asegurando que cada palabra, cada frase, contribuya a construir una historia coherente, impactante y memorable.

30 consejos de escritores que te ayudarán a la hora de comenzar uno de tus relatos

¿Te imaginas reunir en una sala a los mejores talentos de la literatura para que nos revelen sus trucos? La explosión creativa podría alimentar a un aspirante a novelista durante el resto de su vida.

Por si con los inicios de relatos no has tenido suficiente, aquí te dejo 30 consejos que te ayudarán a crecer en tu camino hacia la literatura con mayúsculas. La mayoría de los autores están bajo tierra, así que la comunicación será en una única dirección: ellos y ellas hablan y tú y yo escuchamos atentamente. Como si fueran nuestras madres revelándonos las reglas básicas de la vida, pero sin el beso de buenas noches.

Todos mis libros son difíciles de escribir. Escribo de manera lenta y dolorosa. De hecho, no parto de una estructura; es el libro quien me encuentra a mí. Es más, si entendiera exactamente lo que escribo, no escribiría. Y cuanto termino uno de mis libros me siento triste, lamento haber perdido a mis personajes.

Paul Auster

El lenguaje es igualmente destructor: nada es más real que la nada. Si amar significa aprender a hablar del discurso del otro, es precisamente un equívoco de ese discurso el que suscita el relato.

Samuel Beckett

A veces, a fin de rebatir una sola frase es necesario contar toda una vida. Si se pudiera dar nombre a todo lo que sucede, sobrarían las historias.

John Berger

Un texto –mientras uno escribe— es el compendio de toda la literatura. Si en un cuento o en una novela, el lector recupera su incredulidad —es decir, percibe la ficción como irrealidad— es porque el relato ha fracasado.

Adolfo Bioy Casares

¿Qué es lo que más quiere usted en el mundo? ¿Qué ama, o detesta? Busque un personaje como usted que quiera algo o no quiera algo con toda su alma. Dele instrucciones de carrera. Suelte el disparo. Luego sígalo tan rápido como pueda. Llevado por su gran amor o su odio, el personaje lo precipitará hasta el final de la historia.

Ray Bradbury

Mentir no es sólo decir lo que no es. También y sobre todo significa decir más de lo que es y, en lo que respecta al corazón humano, decir más de lo que se siente. Esto es algo que hacemos todos para simplificar la vida.

Albert Camus

Suponga que usted se pasa una semana comiendo sólo manzanas. Indiscutiblemente usted agota su apetito por las manzanas y sin duda alguna sabe cuál es su sabor. Cuando yo me pongo a escribir un cuento, tal vez ya no sienta ningún hambre de ese cuento, pero considero que conozco perfectamente su sabor.

Truman Capote

Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas.

Ernesto Sábato

Una historia funciona cuando contiene bombas de tiempo dispuestas a estallar en la próxima página.

Gordon R. Dickson

Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

José Saramago

Cualquier necio puede escribir en lenguaje erudito. La verdadera prueba es el lenguaje corriente.

Clive Staples Lewis

Cuán vano es sentarse a escribir cuando aún no te has levantado para vivir.

Henry David Thoreau

Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude.

Orson Welles

Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído.

Jorge Luis Borges

No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.

Oscar Wilde

Los buenos escritores son aquellos que conservan la eficiencia del lenguaje. Es decir, lo mantienen preciso, lo mantienen claro.

Ezra Pound

Escribir para mí no es una profesión, ni siquiera una vocación. Es una manera de estar en el mundo.

Ana María Matute

Escribe una historia corta cada semana. Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seguidas.

Ray Bradbury

Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana.

Graham Greene

Pienso que es bueno que en un relato haya un leve aire de amenaza. Debe haber tensión, una sensación de que algo es inminente.

Raymond Carver

Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se muera de risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie ni el prudente deje de alabarle.

Miguel de Cervantes

Escribir brevemente, es decir, con talento… La brevedad es hermana del talento… El lenguaje debe ser simple y elegante. Sin extranjerismos ni palabras raras. Creo que cuando uno ha terminado de escribir un cuento, debería borrar el principio y el final.

Anton Chéjov

La novela que nos interesa no es la que va colocando los personajes en la situación, sino la que instala la situación en los personajes.

Julio Cortázar

Ya hacía mucho tiempo que se me había ocurrido una idea; pero que me arredraba la de hacer de ella una novela, pues el argumento es bastante difícil, y no estoy yo preparado para tocarlo, con ser tentador y gustarme a mí mucho. Esa idea es… la de presentar un hombre completamente bueno.

Fiodor Dostoievski

Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos –sólo lo sabemos después— antes, es la cuestión más peligrosa que podemos plantearnos. Pero también es la más habitual. Si se supiera algo de lo que se va a escribir antes de hacerlo, antes de escribir, nunca se escribiría. No valdría la pena.

Marguerite Duras

El artista es despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño y ese sueño lo angustia tanto que debe liberarse de él a cualquier precio. Hasta entonces no tiene paz.

William Faulkner

Si el escritor no se siente capaz de dejarse morir de hambre, debe cambiar de oficio. La verdad del escritor no coincide con la verdad de quienes reparten el oro.

Camilo José Cela

Lo cierto es que el hecho de escribir obedece a una vocación apremiante, que el que tiene la vocación de escritor tiene que escribir, pues sólo así logra quitarse sus dolores de cabeza y su mala digestión.

Gabriel García Márquez

Es imposible escribir cualquier cosa sin tener alguna posición frente a las cuestiones y las soluciones sociales.

Dashiell Hammett

Los acontecimientos cotidianos pueden ser el germen de una narración. El escritor parte de ahí y luego el lector también. Nuestro arte consiste en captar la atención del lector.

Patricia Highsmith

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